Hace un par de semanas contactó con nosotros un amigo, Ivan Ortega para llevar a cabo un trabajo en un restaurante de su propiedad. Ivan y su familia han estado ligados a la gastronomía desde casi siempre con hoteles rurales o restaurantes de gastronomía siempre muy apetecible, y en esta ocasión emprendía la aventura en un establecimiento señero por la tradición, la arquitectura de Miguel Martín Fernández de la Torre, la estética de Néstor Martín y el enclave: el corazón turístico de Las Palmas de Gran Canaria, como es el parque de Santa Catalina.

Si todos los clientes son exigentes, en el caso de Ivan se suma además su profesionalidad ya que también es el director de una de las agencias publicitarias y de comunicación más conocidas de la ciudad, de modo que tiene muy claro el producto que busca, lo cual hace el reto más complicado pero a la vez más cómodo, ya que sabe perfectamente lo que quiere: sólo hay que acertar.

De modo que una tarde de estas unimos sus equipos profesionales -de restauración y de publicidad- con el nuestro, para llevar a cabo la imagen de su proyecto que debía tener dos partes: su local y la gastronomía que lo convierte en un punto de referencia apenas un mes después de haber abierto sus puertas.

El establecimiento tiene a su vez dos caras: el lugar del café y el aperitivo de la mañana con su posterior almuerzo y una carta variada y refinada con sabores locales que realmente llama la atención; y por otro lado el lugar punto de encuentro donde picamos algo antes de cenar y después de cenar tomamos una copa… o más 🙂

Realmente se está muy a gusto en el Bodegón Fataga, sea para trabajar o para pasar el rato. Y como suelen ocurrir estas cosas, en uno de esos parones para pensar, en el que se nos va la mano al plato que hemos fotografiado, se nos ocurrió que podíamos mezclar ese tono afterwork con la gastronomía. Y de ahí salió el resto de la sesión: ambiente, conversación, aperitivo, café de media tarde, cena, una copa… el laberinto de los sentidos…