A los que hacemos fotos, frecuentemente nuestras clientes nos preguntan por el photoshop. Es algo muy extendido. Pretenden con ello desaparecer en algunos casos la arruguita que empieza a asomar, la barriguita incipiente, las ojeras de los malos días, una cicatriz que no quieren enseñar o un tatuaje del que están arrepentidas. Pero por otro lado sueñan con verse fantásticas “como las de las revistas”. Hemos elevado a categoría de cierto, modelos de seres humanos que realmente, como consecuencia de tanto retoque, no existen sino que son producto de ese photoshop mal entendido.

Pese a lo que pueda parecer, al estudio llegan muchísimas más mujeres que no tienen que ver con el mundo del modelaje que las que realmente lo son. En consecuencia estamos acostumbrados a tratar con eso que coloquialmente llamamos “gente normal” (habría que abrir un paréntesis para explicar que tampoco las modelos se libran de esas pequeñas manías de retócame esto o aquello aunque últimamente la tendencia parecer ser retocar cuanto menos mejor lo cual no quita para que todas se lleven un repaso en cada posproducción).

Es por ello que, tras la sugerencia de algunas de ellas y tras muchas vueltas, con mucha ilusión iniciamos este proyecto al que finalmente le dimos el nombre de La verdad desnuda. Se trataba de mostrarnos a todos tal como somos en realidad, sin aditamentos, decoraciones ni retoques. Lo que uno es cuando sale de la ducha: un mero contenedor -de las formas más diversas- en cuyo interior están cargadas las emociones que finalmente hacen de nosotros lo que realmente somos. Con nuestras chichas, con nuestras arrugas, con nuestras cicatrices de haber pasado por esta vida.

No nos interesaron los rostros, de modo que hacer nuestros modelos anónimos ayudó también a relanzar la idea. Muchas de las personas que han posado lo tuvieron claro desde el primer momento: “No quiero ocultar mi cara sólo por enseñar mi cuerpo. Mi cuerpo es así”, decían. Sin embargo en las fotos no aparecen caras. Buscamos cuerpos que no son de nadie, sino de todos.

Así, a lo largo de este recorrido por el cuerpo humano hemos encontrado El cuerpo usado, con modelos mayores de 70 años; el cuerpo como lienzo, con personas tatuadas casi de arriba a abajo; el cuerpo como cárcel, con personas que no estaban conformes con el cuerpo que les había tocado; el cuerpo transformado, con aquellos que habían modificado su cuerpo en el quirófano; el cuerpo esculpido, con quienes se dedicaron a cuidar el contenedor haciendo de él una maravillosa escultura… Y en definitiva un montón de cuerpos que forman una galería en la que todos vamos a encontrar un cuerpo como el nuestro.

En los primeros test que hicimos para enseñar las fotografías, algunas de las personas se reconocieron. Otras se sorprendieron y las más celebraron que muchos de estos cuerpos que no eran precisamente el canon que se tiene establecido como ideal -aquí podemos discutir durante horas y explicar de nuevo que el cuerpo no es más que un contenedor que sostienen todas las emociones que nos hacen personas- se atrevieran a posar.

Madres, hijas, modelos, no modelos, obesos, bajitos, delgadas, operadas, hombres, mujeres, amigas, grupos, negros, blancos, tatuadas, altas, bajas… en definitiva, personas, componen este universo nuestro, esta Verdad desnuda que ya empieza a mostrar resultados tan imperfectos como todos nosotros, tan perfectos como la maravillosa máquina que somos, tan real como nuestras emociones…

Y seguimos buscando modelos. Te atreves?